Mi flamante crisis existencial surgió de un comentario desdeñoso de un amigo. Por supuesto, ella no quería desviarme por completo del camino, pero me desvió del camino.
Tomamos café y describí cómo me rompí el tobillo a principios de año. Es la triste historia de una mujer de 37 primaveras que se inició en el patinaje sobre ruedas y, por penuria, se le daba suficiente mal. No es que no me encante absolutamente, la belleza de los pasatiempos es que puedes ser muy malo con ellos y aun así amarlos. Sin retención, es amoldonado asegurar que estoy al menos un 60 por ciento más avergonzado sobre cuatro ruedas que sobre dos piernas.
Describí el movimiento sorprendente que intenté, saltando sobre un pequeño charco en patines, cuando me dio la mamporro verbal.
«Oh, pobrecita, te caíste».
Sé que esto puede sonar inofensivo al principio, pero me molestó. Tuve una caída. No: me caí. yo tendría una caída. Una vez que me di cuenta, rápidamente vi lo que era tan perturbador en ese comentario. Tuve la epifanía de que a cierta momento pasamos de caernos a tener caídas. Estaba indignado.
Su abuelita tiene una caída, no yo, una persona pollo (más o menos). Bueno, no soy ni remotamente remiso a envejecer. Doy la bienvenida al inicio de la tino (espero) y una conducta de no ceder, pero no me he hexaedro cuenta de que ya he entrado en la escalón de caída de la vida. una persona cayendo suceder a diferencia de una potranca pollo y vigorosa en su mejor momento que se cae mientras se precipita a la vida con entusiasmo adolescente. Como yo.
Corregí a mi amigo e insistí en que era demasiado pollo para caer. Ella me miró sin estar convencida. Y entonces recordé un detestable detalle de la historia. Cuando estaba en el hospital para que me hicieran las radiografías, escuché a una de las enfermeras decirle al médico que tenía «peligro de caída», lo que suena muy propio del dominio de las personas mayores.
He decidido suministrar esa parte de la historia. mismo, pero me hizo pensar en cómo cambia la descripción de cómo nos lastimamos a medida que avanzamos en el camino de la vida. A partir de los 40 primaveras se oye musitar de personas que se caen, generalmente acompañadas de ruidos ligeramente preocupados.
Lo mismo se aplica a otras lesiones. Cuando eres pollo puedes «dañarte la espalda», pero a posteriori de algunas décadas, simplemente «te duele la espalda». Esa espalda rota es tuya de por vida ahora. Es la posesión repentina no deseada lo que acento de la momento de la persona lesionada. Del mismo modo, nunca escuchas sobre personas con problemas de ciática, sino que se refieren a «mi ciática».
De repente somos los dueños enojados de estas dolencias, en oportunidad de ser una aflicción temporal. Mi ciática es una perra por cierto. Natch.
Adicionalmente, mis rodillas están crujiendo ahora y no importa cuánto adiestramiento haga, el chasquido siempre está conmigo: una hilera sombría que es la costado sonora de mi vida menguante. Uf. (Nota al beneficio: «Ooof» incluso es el sonido involuntario que emite mi cuerpo cada vez que me subo y me levanto del sofá).
Otra señal de que el cuerpo se está apagando es la temida vejiga débil. Cuando era pollo, no podía entender que mis parientes mayores hablaran de los frecuentes viajes nocturnos al baño por un rato.
«He estado en lo alto y debajo en el baño toda la tinieblas», informaron con tristeza a la hora del desayuno. Parecía un flagelo inmutable para ella, noté mentalmente desde una distancia segura cuando tenía poco más de 20 primaveras. Corte a 17 primaveras y tres bebés más tarde, y estoy al servicio constante de una vejiga patética y puntilloso. Ni siquiera puedo echar un vistazo a una taza de té o un vaso de agua ayer de irme a la cama, o incluso estaré caminando de un banda a otro en el inodoro.
Toda esta cavilación me hace preguntarme qué sigue en el camino con destino a la crimen y, por supuesto, es el temido «viraje». Posteriormente de los 90, dejas de caerte y de tener problemas de espalda y empiezas a virar.
Cuando escucho el término «virar» siempre pienso en ataúdes. Creo que tiene poco que ver con la frase «retorcerse en la tumba». No puedo dejar de imaginar que este “viraje” que ha hexaedro el escueto es, en cierto modo, un adiestramiento de tirar el féretro.
Y cuando escuchas que alguno «se entregó en la tinieblas», es invariablemente mortal. En este caso, el cruce es cerrado a la izquierda con destino a la funeraria.
Esta nota fue traducida al gachupin y editada para disfrute de la comunidad Hispana a partir de esta Fuente