En el segundo estudio, dirigido por la Universidad del Sur de California, que examinó los género del café en un especie de personas étnicamente diversas entre las edades de 45 y 75 primaveras durante un período de casi 20 primaveras, los resultados reflejaron los hallazgos reflejados anteriormente: decano el consumo de café fue asociado con un menor riesgo de muerte– especialmente de varios tipos de cáncer.
Uno y otro estudios muestran que el café podría ser protector, pero aquí está la parte interesante: no es la cafeína la que se lleva el crédito. Polifenoles y otros compuestos bioactivos en el café tienen propiedades antioxidantes y la correctamente documentada asociación del café con una pequeño resistor a la insulina, inflamación, y los biomarcadores de la función hepática son atribuibles a estos compuestos no relacionados con la cafeína. Adicionalmente, el café contiene xantinas, sustancias químicas que pueden inhibir la xantina oxidasa, que, como recordarás, es la enzima necesaria para producir ácido meadero.
Y en un tercer gran estudio, usando datos de 14,758 participantes en los Estados Unidos que participaron en la tercera Investigación Franquista de Examen de Vitalidad y Mantenimiento, investigadores de la Universidad de Columbia Británica y Harvard encontraron una relación inversa entre el café Consumo, tanto con cafeína como sin cafeína, y niveles de ácido meadero: El ácido úrico disminuyó con el aumento del consumo de café. Sus resultados excluyeron otros factores que podrían acaecer sesgado los resultados, incluido el peso de los participantes, el consumo de vino y el uso de diuréticos. No vieron esta conexión entre el consumo de té y el ácido meadero. Entonces, si no desea tomar café adecuado a su contenido de cafeína, el café descafeinado puede ser igual de favorecedor para someter la descortesía.
En el capítulo cinco de mi obra gotas de ácido, Menciono un metaanálisis que incluye 19 estudios que mostraron niveles elevados de ácido meadero en mujeres que bebían café, pero eso no se tradujo en ningún impresión azaroso, tampoco aumentó el riesgo de gota. Los autores se apresuraron a señalar la penuria de futuros ensayos controlados aleatorios para comprender las posibles diferencias entre hombres y mujeres en su peligro de hiperuricemia y pizca en el contexto del consumo de café. El peligro sutilmente decano de hiperuricemia observado en las mujeres que bebían café correctamente podría acaecer sido un «artefacto», un hallazgo trivial que surge de la forma en que los autores realizaron sus cálculos (utilizando varios estudios, cada uno realizado de guisa diferente). Lo que sí sabemos es que evidencia sólida más allá de este estudio ha confirmado repetidamente una robusto asociación entre el consumo de café y un pequeño peligro de hiperuricemia (y pizca) tanto en hombres como en mujeres.
Esta nota fue traducida al gachupin y editada para disfrute de la comunidad Hispana a partir de esta Fuente